Entrevistas

Camila Silva / Chile, 2025

Chile · diciembre 2025

Entrevistada
Camila Silva
Duración
8:38

Somos Naturaleza: Habitar la Incertidumbre, Cuestionar la Realidad y Sanar en lo Cotidiano

Cuando hablamos de ecología, es común escuchar frases como «necesitamos ir a la naturaleza para reconectar». Sin embargo, nuestra invitada de hoy nos invita a derribar de inmediato esa barrera mental: nosotras no vamos a la naturaleza; nosotras somos naturaleza. El aire que respiramos, el suelo que pisamos y cada una de nuestras células son parte de este gran tejido vivo.
Conversamos con Camila Silva, una mujer que, desde su vereda como «santiaguina» y con mucha honestidad, nos comparte su escepticismo frente a los grandes discursos de «salvar el planeta» y nos propone, en cambio, una mirada mucho más real: entregarnos a la incertidumbre, valorar nuestras pequeñas acciones cotidianas y encontrar la inspiración en las luchas diarias de las mujeres que nos rodean.

1. Las semillas sutiles del abuelo y el amor por los chungungos

A diferencia de otras activistas que crecieron en el campo o en familias dedicadas a la defensa ambiental, Camila creció en una familia muy tradicional de Santiago. Sin embargo, la semilla de su sensibilidad fue sembrada de forma muy sutil por su abuelo paterno.
Él la llevaba con frecuencia al cerro San Cristóbal, a pasear en el teleférico, a mirar bichitos en las plazas y a pasar largas horas en la orilla de la playa esperando pacientemente a que se asomaran los chungungos (nutrias marinas). De él aprendió los nombres de los pájaros y las plantas. Aunque en su adolescencia le parecía aburrido, hoy Camila comprende que esos momentos nutrieron su cerebro y crearon una conexión profunda con la tierra que la acompaña hasta hoy.

2. El valor de ser cuestionada y el arte de dudar

El camino de Camila hacia una vida más consciente no ha estado libre de tensiones. Su propia familia ha cuestionado muchas de sus decisiones: su transición al veganismo, su empeño por reciclar, su deseo de disminuir el consumo y la manera en que cría a su hija.
Sin embargo, lejos de desanimarse, Camila ha transformado esta experiencia en su mayor herramienta de vida. Su gran mensaje para la comunidad es no dejar de cuestionar nunca nada. En un mundo donde abundan las verdades absolutas y los algoritmos de internet nos encierran en burbujas donde todos piensan igual, dudar y mirar más allá es el único camino real para transformar nuestra realidad.

3. Habitar la incertidumbre en tiempos de desesperanza

Camila nos invita a mirar de frente una realidad incómoda: a veces los adultos ponemos demasiada desesperanza sobre los hombros de las generaciones más jóvenes, lo que puede empujarlos a la indiferencia. Ella misma se declara escéptica ante la idea de que podamos solucionar la crisis climática por completo, pero propone una alternativa hermosa: si vamos a estar en un proceso difícil, hagamos lo posible por estar lo mejor posible.
La humanidad siempre ha atravesado crisis que parecían el fin del mundo —como el temor de las mujeres en la época medieval de ser quemadas por brujas—, pero siempre hemos encontrado formas de transformarnos y permanecer. Camila nos invita a soltar la obsesión por las certezas y a recibir con gratitud la incertidumbre, entendiendo que cuando una puerta se cierra, la vida siempre encuentra la forma de abrir otra.

4. El «Efecto Serenguetti» y la inspiración en nuestras amigas

Para entender cómo encajamos en este mundo, Camila nos recomienda el libro «Las leyes del Serenguetti», el cual explica cómo el ecosistema se desmorona cuando sacamos una especie, pero también cómo resurge con fuerza cuando la reincorporamos. Esta lectura nos recuerda que cada individuo —como cada célula en un cuerpo— tiene un impacto vital en el todo.
¿Y dónde encuentra Camila su fuerza diaria para seguir adelante? No en grandes líderes mundiales, sino en sus amigas. Aquellas que sostienen la vida desde sus espacios cotidianos:
  • La amiga que vive en el sur y le enseña el ritual de partir leña para entibiar su hogar.
  • Las amigas que ponen toda su energía para criar con amor a sus hijos en este planeta tan complejo.
  • Aquellas que compostan de toda la vida, no por una moda ecológica, sino porque fue el saber que les heredaron sus madres y abuelas.
Ellas, con sus luchas diarias y silenciosas, son el verdadero tejido que sostiene la tierra.
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