Alejandra Kopaitic / Santiago, Chile 2026
Santiago, Chile · marzo 2026
- Entrevistada
- Alejandra Kopaitic
- Duración
- 11:01
El planeta que somos: Tejer hilos de acción y colaboración colectiva
A menudo pensamos en la naturaleza como un destino turístico, un bosque lejano o un paisaje que debemos «ir a salvar». Sin embargo, la invitada de hoy nos propone un cambio radical de perspectiva: nosotras no cuidamos la naturaleza; nosotras somos naturaleza.
Conversamos con Alejandra Kopaitic, ingeniera en medio ambiente, activista y líder de proyectos de impacto ecológico, quien nos invita a despojarnos del individualismo para empezar a tejer redes de colaboración, vivir a un ritmo más humano y recordar que cada pequeña acción cotidiana es una semilla que transforma el futuro.
Aquí te compartimos los pilares de este hermoso encuentro sobre cómo habitar de forma más respetuosa el planeta que somos.
1. El despertar: Cuando el agua nos habla
La conexión de Alejandra con la tierra no nació en un huerto perfecto ni bajo una instrucción estricta de reciclaje en su hogar. Nació de la vida al aire libre, acampando en la playa, y se consolidó con un hito que cambió su rumbo para siempre en el colegio.
En un ramo de sistemas ambientales, Alejandra y sus compañeras analizaron el agua de un río cercano y descubrieron con datos reales el alarmante nivel de contaminación que sufría. Ese momento fue su cable a tierra: comprendió que el impacto humano era real y decidió, desde ese día, que quería ser parte de la solución y no del problema. Esta revelación la llevó a estudiar su carrera, recordándonos que el conocimiento y la observación de nuestro territorio son las herramientas más poderosas para despertar la conciencia.
2. Transformar el susto en semillas de cambio
Al mirar el contexto actual —marcado por crisis humanitarias, guerras y un profundo individualismo— es natural sentir miedo, incertidumbre y la temida ecoansiedad. Alejandra no es ajena a estas emociones, pero nos propone un ejercicio hermoso: convertir ese susto en una semilla de transformación.
En lugar de paralizarnos frente a la magnitud de los problemas, la clave está en ocuparse en vez de preocuparse. Desde el rol que cada una tenga —sea en la casa, en el trabajo, en la academia o en la toma de decisiones públicas— todas tenemos el poder de inspirar a otros. La acción comunitaria disipa el miedo y abre paso a la esperanza.
3. La colaboración radical: El verdadero tejido
Alejandra lidera hoy el Pacto Chileno de los Plásticos, una iniciativa donde conversan y trabajan en conjunto empresas, ONGs, la academia y el sector público para rediseñar la forma en que fabricamos y desechamos los envases. Para ella, este trabajo voluntario es la prueba de que el futuro debe ser colectivo.
Frente a un modelo que nos empuja a competir y a rumbos individualistas, Alejandra nos invita a tejer alianzas impensadas. No podemos resolver crisis globales en solitario; necesitamos escucharnos, discutir con respeto y diseñar soluciones comunes. En esta «revolución ambiental», además, destaca con fuerza el liderazgo de las mujeres, quienes históricamente han estado al frente de las batallas por el cuidado de la vida y el territorio.
4. Volver a los ciclos lentos y cotidianos
¿Cómo se ve el futuro que queremos tejer? Alejandra lo imagina más humano, más lento y más cotidiano. Un futuro donde el respeto por la tierra no sea un tema de debate técnico, sino parte de nuestro ADN: saber compostar, separar nuestros residuos, preferir la bicicleta o cuestionar el consumo desmedido de la moda rápida (fast fashion).
Para profundizar en este camino, nos deja recomendaciones maravillosas:
- Un libro: Cómo ser vegan hoy de Ignacia Uribe, una guía chilena, práctica e ilustrada que nos invita a cuestionar de manera sencilla qué ponemos en nuestro plato y el impacto de nuestra alimentación.
- Una naturóloga inspiradora: María Sibylla Merian, una naturalista, exploradora e ilustradora alemana del siglo XVII. Ella unió el arte con la ciencia para estudiar la metamorfosis de los insectos y las plantas. Alejandra la destaca como un referente de lo que se logra cuando cultivamos la paciencia, la observación profunda y el registro amoroso de la naturaleza.
