Lizbeth van der Meer / Washington DC, 2025
Washington DC, Estados Unidos · diciembre 2025
- Entrevistada
- Lizbeth van der Meer
- Duración
- 11:39
Tejer la Marea: El Valor de lo Cotidiano, la Resistencia Colectiva y la Perfección del Mar
Cuando pensamos en la conservación de la naturaleza, a veces nos imaginamos grandes batallas en oficinas internacionales o discursos de escala global. Sin embargo, nuestra invitada de hoy nos recuerda que proteger la tierra y el mar es un tejido que se hace a mano, día a día, y que comienza con un acto tan simple como maravilloso: aprender a mirar.
Conversamos con Lizbeth van der Meer, veterinaria, directora de campañas de Oceana en Chile y activista. Tras un importante punto de quiebre en su vida, Lizbeth nos entrega una perspectiva profundamente sabia sobre cómo transitar la frustración, honrar la herencia del asombro que nos dejan nuestros padres, valorar el trabajo histórico de las mujeres ambientalistas y entender que el verdadero futuro se construye en el presente.
1. El Cajón del Maipo y la herencia de aprender a mirar
La conexión de Lizbeth con la naturaleza comenzó en su infancia gracias a su padre. Él, viniendo de Holanda —un país completamente plano—, miraba la cordillera y la geografía chilena como un regalo diario que la mayoría de las personas daba por sentado. Todos los domingos a las siete de la mañana la llevaba a subir cerros en el Cajón del Maipo.
Aunque de niña no siempre comprendía el sentido de esas caminatas tan temprano, hoy Lizbeth atesora infinitamente esa libertad de perderse en un bosque sin senderos marcados. Su padre le enseñó a maravillarse con las cosas pequeñas: las flores que brotaban al derretirse la nieve o los fósiles que asomaban en la montaña. De ahí nació su motor para defender la vida.
2. La perfección del ciclo marino y la paradoja económica
Para Lizbeth, la naturaleza es la perfección misma y su mayor fuente de inspiración. Nos invita a pensar, por ejemplo, en el viaje de una macha: para que pueda nacer y eclosionar, un río o una napa subterránea de agua dulce debe encontrarse con el agua salada del mar en una salinidad perfecta, sin que nada perturbe ese delicado equilibrio.
Proteger esa fineza —como asegurar que un pingüino de Humboldt tenga los 40 kilómetros que necesita para navegar libremente y encontrar anchovetas— es una tarea compleja. A menudo, la conservación choca con visiones cortoplacistas marcadas por la economía o la inflación. Frente a esto, Lizbeth trabaja tendiendo puentes: hoy en día, busca que desde los grandes fondos filantrópicos internacionales se entienda realmente la realidad y las necesidades específicas de las comunidades de Latinoamérica.
3. El día a día como el único futuro real
Hace un tiempo, tras enfrentar una grave enfermedad que la tuvo muy cerca de la muerte, la visión de futuro de Lizbeth cambió drásticamente. Aprendió a soltar la frustración de querer salvar toda la costa de Chile sola y entendió que el futuro no es un concepto lejano, sino lo que decidimos hacer en nuestro presente.
Si cada una de nosotras hace algo pequeñito antes de partir —cuidar un rincón del territorio, limpiar una playa por las mañanas o educar a otros sobre los impactos de industrias como la salmonicultura en la Patagonia— ya estamos construyendo el mañana. Las acciones cotidianas, consistentes y silenciosas, son las que realmente valen la pena y las que heredarán las futuras generaciones.
4. Lecturas, películas y la fuerza de nuestras ancestras ecológicas
Para alimentar la mente y el corazón en este camino, Lizbeth nos deja dos recomendaciones muy particulares:
- Un libro: La Amazonía, de la periodista brasileña Eliane Brum. Un relato desgarrador y real sobre el desarraigo de las comunidades ribereñas y cómo la ambición política y económica destruye la vida de las personas y de la selva.
- Una película: The Lobster (Langosta). Aunque no trata sobre medio ambiente, es una genial sátira sobre lo ridícula que puede ser la sociedad y cómo nos atrapamos en sistemas y demandas que no necesitamos, olvidando lo más esencial de nuestra existencia: respirar y convivir con la naturaleza.
Finalmente, Lizbeth rinde un profundo homenaje a las mujeres que abrieron camino en la defensa ambiental en Chile, como Sara Larraín, Flavia Liberona y la recordada Adriana Hoffmann. Mujeres fuertes que en épocas donde ser ecologista era mal visto, incomodaba y era muy difícil de financiar, se mantuvieron firmes y vociferantes para defender los territorios de las zonas de sacrificio.
Su llamado final es a no perder la esperanza bajo ningún gobierno o circunstancia. Informarse, compartir lo que pasa, preferir contemplar la Patagonia prístina en lugar de consumir de forma compulsiva la última zapatilla de moda, son formas sutiles pero poderosas de transformar el mundo. Porque aunque a veces parezca que somos poquitos, en realidad somos una gran masa tejiendo la misma red.
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