Entrevistas

Pamela Bravo / Chile, 2026

Chile · abril 2026

Entrevistada
Pamela Bravo
Duración
8:58

La ilusión de la separación: Pamela Bravo y la invitación a recordar que somos tierra

A menudo pensamos en la conservación ambiental como una tarea titánica reservada para los grandes laboratorios o los activistas de primera línea. Sin embargo, en una profunda e inspiradora conversación para Naturólogas, Pamela Bravo nos invita a derribar las barreras invisibles que hemos construido entre nosotros y el entorno. Su mensaje es directo y conmovedor: el planeta no es un supermercado del cual abastecerse ni un basurero para desechar lo que nos sobra; la Tierra es nuestra casa, y nosotros somos su propia entraña.

El ADN ecológico: El despertar en una geografía indómita

Para Pamela, la convicción de que somos un todo con la naturaleza no nació de los libros, sino de su propia historia. Criada en barrios verdes y acostumbrada a pasear en bicicleta por parques y plazas, su sensibilidad se templó en los paisajes diversos de Chile. Los fines de semana y las vacaciones familiares junto a ríos, montañas y playas sembraron en su interior una certeza que la acompaña hasta hoy: “No soy un árbol, pero él es parte de mí y yo soy parte de él”.

Esta conexión orgánica es la que, según Pamela, hemos perdido como sociedad. Al caer en la constante necesidad de clasificarlo todo —dividiendo entre plantas buenas o malas, animales domésticos o salvajes, e incluso trazando fronteras entre países—, creamos una distancia artificial. Olvidamos que la vida es un tejido continuo y que, al apartarnos del entorno, nos apartamos de nuestra propia esencia.

De voces ocultas a un bosque de esperanza

Pamela nos invita a viajar en el tiempo para entender el presente. Recuerda que hace más de medio siglo, visionarios como Rachel Carson, Jane Goodall y James Lovelock ya advertían sobre el impacto de los pesticidas y el inicio de la crisis climática. Aunque en ese entonces sus voces eran pequeñas y las secuelas apenas comenzaban a ocultarse, hoy esas consecuencias son innegables.

Ante un panorama complejo, donde las temperaturas globales siguen subiendo, Pamela elige el optimismo activo. Se define a sí misma como “una más de muchas voces incluso ocultas” que luchan por dar defensa al planeta. Para ella, la verdadera transformación no depende únicamente de las grandes cumbres políticas; cada persona, desde su familia, su barrio o su lugar de trabajo, tiene el poder de sembrar una semilla de divulgación que se multiplica de manera exponencial. Somos, en sus palabras, como una colmena donde el bienestar de uno influye inevitablemente en el de todos.

Faros de inspiración y el llamado a poner el cuerpo

Al mirar a quienes le preceden, Pamela encuentra su brújula en mujeres extraordinarias que usaron sus herramientas y privilegios para transformar realidades. Destaca con profunda admiración a la Premio Nobel de la Paz Wangari Maathai, creadora del cinturón verde en África, quien combatió el hambre y la desertificación empoderando a miles de mujeres a plantar árboles. También resuenan en su caminar los nombres de luchadoras ambientales como Berta Cáceres en Honduras, Julia Chuñil y Karena Valdés en Chile, la bióloga marina Sylvia Earle y la incombustible Jane Fonda, de quien celebra su valentía para poner el cuerpo y alzar la voz sin temor a las consecuencias. Para Pamela, estas mujeres demuestran que el cambio requiere mentes activas, pero sobre todo, corazones dispuestos a involucrarse.

La revolución de la paciencia: El poder de un tomatito

El consejo final de Pamela para conectar con esta filosofía en nuestro día a día es asombrosamente sencillo y transformador: plantar nuestro propio alimento. No importa si es una planta de albahaca, una lechuga o un tomate en un rincón del hogar; el acto de cuidar una semilla nos obliga a trabajar la paciencia, la memoria y a liberar el estrés diario.

Al cultivar la tierra, el tiempo vuelve a su ritmo natural. Descubrimos que, al final del día, cuidar a la vecina, proteger un parque o regar nuestras plantas en casa es exactamente la misma tarea: cuidar lo único que tenemos y recordar que un pedazo de nosotros habita en cada brote verde.

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